miércoles, 10 de octubre de 2012

Cuando era niño 1

Hace ya lustro y medio, cuando estaba en el Instituto, nos mandaron una peculiar tarea en clase. Ese día en Cultura Clásica, íbamos a dedicar la primera hora a redactar nuestro propio mito sobre el origen del mundo. La segunda hora, la dedicamos a leer los relatos que habíamos redactado. Me encontré con esto hace poco y me dio cierta nostalgia. ¿Qué decir? Era un menor de edad y el estilo que tenía era el que era y ya. Ahí va:

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Origen Del Mundo Para Mitología.

EL NIÑO

En una infinita extensión, vacía, oscura, fría… llena tan sólo de nada, es difícil imaginar como existía un ser. Uno que, estando presente permanecía ausente, falto de volumen, que estando en uno u otro lugar, no lo ocupaba. Porque él no estaba allí aunque lo estuviese, estaba en otro lugar, cualquier otro, estaba en todos los otros lugares en realidad, y permanecía allí también, en todos esos sitios, en todos los que existían y los que no.

Pueden ustedes, incrédulos, imaginarse lo aburrido que podía ser el hecho de no hacer nunca nada. Bueno, que podía ser y que era. Este ente, fuese lo que fuese, lo sabía, lo sentía. Evidentemente porque lo vivía. Hasta que una vez, cuando no existían ni los días ni el tiempo, se creó, sin más, una especie de objeto. Algo nuevo, algo de lo que no tenía una remota idea de lo que era, algo que ciertamente era “algo”. No fue lo único en aparecer. Donde quiera que mirase sólo veía trozos de tierras, bolas de fuego, un agujero (ahí en medio, donde antes había fuego) o piedras de todos los tamaños por todos lados. No sabía que era nada de todas esas cosas que veía, y se iban formando con cada vez más presteza. Guiado por la curiosidad se dedicó a explorarlos… Realmente ahora estaba todo lleno de cosas …pero el vacío era incluso peor.

Tan sólo vagaba por un lado y otro, con la esperanza de que uno le sorprendiese, pero cada renacer de esta castigada esperanza era para volver a perecer de inmediato. Decepción tras decepción por fin encontró lo que buscaba. En una de aquellas esferas de tierra había lo que parecían objetos de tierra diferentes a las demás. Donde la tierra parecía teñirse con los metales con los que se mezclaba. Pero aquello no era tierra azul, era agua; no era tierra verde, eran plantas; no eran piedras que se movían, eran seres vivos. ¡Por fin! Había encontrado lo que buscaba, algo sorprendente, algo interesante.
Podía pasar horas y horas, hasta llegar a días y semanas; Podía pasar semanas y semanas, hasta llegar a meses y a años; Y, podía pasar año tras año mirando: como se relacionaban, no pudiendo explicar nunca porqué; cómo sus comportamientos eran tan dispares, no pudiendo explicar nunca por qué; cómo se multiplicaban, no pudiendo explicar nunca por qué; cómo hacían eso, aquello o esto o esto otro, cómo eran como eran o sucedía una u otra cosa, no sabiendo explicar nunca el por qué. Eso le molestaba mucho lo cual lo hizo enfadarse. Aunque sólo los veía como un mero entretenimiento y era el no entenderlos lo que los hacía interesante, él se sentía muy frustrado e impotente. Por qué no hacían lo que él quería aquellas criaturas. Se hizo esa pregunta y no pudo explicar por qué, no supo responderla. Pero fue la última vez que no sabría el por qué de aquellas criaturas extrañas. Se enfadó tanto que cegado por la ira, e impotente, deseó que desapareciesen todos. Que desapareciesen para siempre. Cuando volvió a mirar así había ocurrido. No quedaban más que unos cuantos supervivientes como algunas plantas y pequeños seres, relativamente, faltos de importancia.

Al ver lo que había pasado se arrepintió de que su deseo se cumpliese… pero lo había deseado para siempre. Se puso muy triste en realidad y volvió a enfadarse, esta vez fue la tristeza la que lo cegó. Dirigió su mirada, de nuevo, hacia el mundo que tanto había querido y odiado con la esperanza de que volviesen a estar allí, pero su deseo había sido para siempre, por eso ellos no estaban allí. Ellos no, pero otros seres más pequeños sí. Estaban allí, eran diferentes, pero se comportaban prácticamente igual. Se devoraban Unos a Otros, los Otros a los Vegetales y los Vegetales se alimentaban de los Unos.

En un principio estaba muy triste por la pérdida, pero la olvidó, como un niño olvida al juguete viejo al tener entre sus manos uno nuevo. Pero se decepcionó mucho al ver que hacían las mismas cosas que no comprendía. Y volvió, una vez más, a enfadarse, pero de repente, vio a un ser muy peculiar entre todos los que allí estaban. Era una simple persona, pero a él le pareció lo más increíble que jamás había visto. Aún lo entendía menos que a los otros seres, pero se dio cuenta de que esto era bueno.

De esta forma, un día como tantos otros, se encaprichó con que le gustaría saber que haría el ser humano si no parase de llover en mucho tiempo. Así como que quiso “cosas” en el universo y las consiguió, como que quería vida y vida tuvo, como que quería destruirla y se destruyó, como que querría otra vez vida y ésta volvió; y como que quería algo diferente y éste nació como ser humano. Él quiso que lloviese y durante cuarenta días y cuarenta noches llovió y si él quiso que alguien se salvase se salvó. Y los que quiso que murieran murieron porque él no estaba de humor para verlos vivir.

Así era el mundo y así se había creado, por el capricho de un niño mimado al que se le llama Destino, y no sabe, siquiera, por mucho que recemos, que nosotros pensamos y sentimos, porque al Destino sólo le importa él mismo. Un niño caprichoso y egoísta, que nos somete a lo que le apetece en cada momento. Que juega con nosotros tal novedoso juguete, y como cual, cuando se aburra, nos reemplazará por algún otro juguete nuevo.

Jonay Santana Castillo 4ºESO
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Qué les voy a decir. Tiene un fondo meláncolico o eso me parece. Pese a la idea que pueda resultar de algo como esto era un chico muy alegre (en serio).

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